El azabache es un carbón petrificado hace sesenta millones de años, convertido en lignito de profundo color negro, y pese a su fragilidad susceptible de ser pulido. La necesaria paciencia y habilidad de su talla, le convierte en materia prima ideal para el trabajo artesanal. Desde la antigüedad ha llegado a considerarse piedra semipreciosa, por su relativa escasez, su brillo y color y, por la capacidad que posee de cargarse eléctricamente atrayendo pequeños trozos de papel. Es Asturias precisamente la cuna del azabache, donde ya desde el siglo XIII se vende el mineral en bruto a los labradores gallegos. La parroquia de Oles, en el concejo de Villaviciosa, acoge la única mina de azabache en explotación que existe actualmente en España. Para trabajar el azabache se desbasta primero la piedra, hasta conseguir la forma aproximada; la cuenta tallada se pule hasta eliminar las imperfecciones de sus caras, suavizándose por último para obtener la pieza deseada. Se emplea para realizar collares, colgantes, sortijas, pendientes y manos negras (ciguas), que actúan como amuletos. Se les atribuyó, además, un carácter terapéutico, protector y mágico. Las piezas de azabache son frecuentemente combinadas con piedras como el ámbar o la malaquita y metales como la plata, en la producción de pulseras, collares, medallones, anillos, etc., otras veces aparece la piedra sola para la talla de figuras y piezas de diseño. Se trabaja con técnicas modernas y tradicionales para elaborar complementos de uso personal con gran belleza tanto en sus diseños clásicos como los más vanguardistas e innovadores.
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Las ferrerÃas, denominadas también martinetes, mazos o machucos, eran talleres artesanos donde se reducÃa el mineral de hierro o de cobre para una forja posterior. El mazo es la máquina antigua más importante en la economÃa comercial astur, ya que el sistema de trabajo aventajaba al simple herrero.
Esta industria adquirió esplendor en el siglo XVIII. Prevaleciendo esta artesanÃa en el occidente de la región, por la abundancia del mineral, el agua, con caÃda suficiente para dar potencia a las máquinas soplantes y, la madera, para avivar el fuego. Tal fue el caso de Somiedo, concejo de abundantes yacimientos de hierro, rÃo caudaloso y grandes bosques para la combustión. Allà comenzó la fabricación de los potes de hierro de tres patas, tan tÃpicos de la cocina astur y baterÃas de cocina de hierro.
Taramundi, concejo del extremo occidental de la provincia, conserva hasta nuestros dÃas una artesanÃa de forja de hierro, en concreto, de utensilios domésticos y de labranza. A Taramundi le han dado fama sus cuchillos y navajas. El proceso de fabricación no ha cambiado: tras su laminación el hierro se perfecciona y pule, para proceder, a continuación, a confeccionar el mango, de madera de boj o piel y decorado a base de color o dibujos grabados con hierro candente.La industria del cobre se remata en Asturias a muchos años de historia. En Miranda, Avilés ha hecho popular su artesanÃa donde todas las familias, prácticamente, eran caldereros. También en el concejo de Corvera se ha forjado el cobre, una tradición de siglos.
La fabricación de relojes, campanas, esculturas y figuras decorativas son oficios que utilizan también el cobre como materia prima. Este metal, en aleación con el zinc, forma el latón, también llamado cobre rojo o amarillo, empleándolo en la elaboración de bandejas, platos limosneros, estampados y repujados. Hay dos ámbitos bien definidos: el de los que se dedican al comercio del cobre y el de los caldederos de ferramienta, que se centra en la elaboración de calderas.
No olvidemos que el metal, el acero y la chapa de hierro o cobre, se emplea, además, en la construcción de instrumentos musicales como la trompa, el cencerro y el acordeón.
Las técnicas de elaboración actuales son similares a las de siglos atrás.
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La madera es la principal materia prima de la artesanÃa asturiana, debido a la abundancia de bosques, de castaños, de robles, de hayas y de nogales y a la calidad de las maderas que se obtienen de ellos. Siempre imprescindible en la sociedad tradicional para la construcción de viviendas y hórreos, la madera se empleó también para la fabricación de objetos domésticos, como las descas (fuentes alargadas), las xarras, las fiambreras, las escudillas, y las madreñas, calzado tÃpico asturiano de enorme utilidad por configuración y adecuación a los caminos encharcados y en mal estado.
Es asà como existe una gran tradición asturiana de artesanÃa de madera, que engloba a madreñeros, cesteros, mimbreros y cunqueiros.
También es utilizada la madera para la fabricación de algunos instrumentos musicales caracterÃsticos de la región, tales como la gaita, las castañuelas, el pandeiro o el rabel. Destaca dentro de nuestra artesanÃa más actual la elaboración de muebles, utilizándose tanto las maderas nobles como el roble y el castaño, como otras más funcionales y ligeras como el pino y el bambú, que se adecuan a las necesidades de hoy.
En la mayorÃa de los casos se conservan las técnicas y estilos tradicionales, aunque también hay quien opta por modelos más innovadores.
Hoy encontramos un público tan numeroso e interesado por lo antiguo, lo rústico y la gran calidad de estos productos, que hay hueco para esta artesanÃa, no sólo en las ferias de artesanÃa, sino también en los comercios de la gran ciudad.
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Ya en el siglo XVIII, época de esplendor de la artesanÃa asturiana, nos encontramos con diversas fábricas de curtidos, como las que se abrieron en Oviedo, Tineo y Gijón. Siendo abundante la producción de cueros en aquella época, sobre todo en el gremio de los zapateros que alcanza cierto renombre en Noreña y Pimiango.
El cuero de caballo y vaca se preparaba sobre grandes piedras con el tanino, extraÃdo de las cortezas de encina. Después de permanecer humedecidas durante semanas, se curtÃan con ruedas de madera y cuchillas de acero y se ponÃan a secar. A partir de esta preparación, cada zapatero llevaba a cabo su trabajo.
El repujado de vestidos, vainas de espadas e incluso, libros y muebles es sustituido por técnicas como el gofrado, modelado, trenzado e incisado, para lo que se emplean cueros fuertes y, en contadas ocasiones, pieles finas y exóticas.
El tipo de producción ha cambiado sustancialmente, ahora se prefieren objetos como cinturones, carteras, maletines, bolsos, etc. En definitiva, complementos funcionales y actuales de gran calidad
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Asturias es una región con arraigada tradición ceramista, recogiéndose ya en el siglo XVIII los primeros datos que apuntan a la fundación de fábricas de loza fina y ordinaria y a la aparición de numerosos obradores de tipo artesanal. Algunas familias han continuado con una activa producción basada en tiestos y botijos, con la demanda de una sociedad de consumo que vuelve sus ojos hacia las tradiciones.
Faro, en Limanes (Oviedo) y Llamas de Mouro (Cangas del Narcea), son los principales centros alfareros de la región.
Hace ya dos siglos que se dedicaban en Faro a la fabricación de ollas, jarros y otras vasijas, sobre todo de cerámica negra, aunque también se empleó la vidriada, utilizando para ello una rueda muy elemental y primitiva, un horno de base circular con pared cilÃndrica de piedra y revestimiento de arcilla en el interior. El uso del torno de pie en Faro se considera más bien reciente.
Actualmente siguen trabajando artesanos que aún mantienen vivos sus alfares para la elaboración de productos tradicionales como pucheros, cántaros, jarros de vino, aceitera, etc…
Por otra parte, la cerámica ha tomado otro camino, y alternando técnicas tradicionales y modernas, se elaboran relojes, lámparas, máscaras, jarrones, trofeos, bandejas, etc., destinadas a un uso tanto funcional como ornamental. Dentro de la cerámica cabe distinguir el uso de cerámica de alta y baja temperatura, arcilla refractaria, barro rojo, esmaltes y la cerámica negra tan arraigada en Asturias. Este resurgir de la cerámica se pone de manifiesto con la creación de la Escuela Alfar de Miranda y el Museo-Escuela Municipal de Avilés, que junto con el del Pueblo de Asturias en Gijón, el museo de Leopoldo Palacio Carús en Piñera de Cabranes y el museo de Basilio Sobrecueva en Cangas de OnÃs, ponen al alcance de cualquiera la experiencia de tratar el barro artesanalmente.
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